Depresión y Ansiedad – Parte I

La mayoría de las personas hemos escuchado alguna vez la frase “piensa con la cabeza, no con el corazón”. Esta frase es usada cuando se quiere aconsejar a alguien que está enamorado, ya que los sentimientos (o sensaciones físicas provenientes de estímulos a los sentimientos) muchas veces son contrarios a la razón. Esto es cierto, pero sólo es una parte de la verdad.

Resulta que las sensaciones físicas y la razón no son adversas, sino que se retroalimentan todo el tiempo. Los pensamientos producen sensaciones, y estas sensaciones a su vez producen pensamientos, y estos pensamientos nos llevan a tomar decisiones.

¿Por qué hablo de enamoramiento? porque es el ejemplo más común. La gente se siente feliz cuando está enamorada, y lo expresa a los cuatro vientos, pero sensaciones negativas como la depresión y la ansiedad, la gente no suele expresarlas a los demás, y es más difícil ayudar en ese aspecto.

Así como una persona necesita creerle a la razón más que a las sensaciones físicas cuando está enamorada, también necesita aplicar la misma técnica cuando está deprimida o tiene ansiedad. En palabras más concretas: creerle a la razón más que al cuerpo.
Cuando una persona está deprimida, tiene exceso de PASADO en su vida. Cuando tiene ansiedad, tiene exceso de FUTURO.

Lo ideal es vivir en el presente, aunque el presente también tiene su adversario, que es el estrés, pero este tema lo hablaré en otro post. Lo cierto es que tanto el estrés como la ansiedad son padecimientos que se originan en la mente. Estos pensamientos cuando los mantenemos en mente una y otra vez y no los dejamos ir, comienzan a afectar los órganos de nuestro cuerpo. El organismo se prepara para enfrentar esa situación que tenemos en mente prolongadamente, y comenzamos a alterarnos.

Tanto la depresión como la ansiedad tienen sus síntomas. Luego estos síntomas comienzan a producirnos pensamientos de tristeza, temor, angustia, y en base a ellos comenzamos a tomar decisiones, y sabemos que las decisiones en base a miedos, soledad, tristezas, no son las mejores.

El secreto está en lo que dije al principio: pensar con la razón, no con las emociones. Consiste en no creerle al cuerpo cuando te dice que hay peligro, porque no lo hay. No creerle al cuerpo cuando se siente triste por el pasado, porque el pasado quedó atrás. Entender que si el cuerpo se siente mal, la mente no depende del dolor para tomar una decisión.

Así como la mente y el cuerpo se retroalimentan y producen depresión y ansiedad, también pueden retroalimentarse para curarlas. Sólo hay que saber que la mente y el cuerpo pueden engañarse uno al otro, pero tenemos la capacidad de controlar esos pensamientos y tener una mente y un cuerpo sanos.

 

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